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NOTICIA 6 de junio, Día Mundial del Control de Plagas

ANECPLA alerta del resurgir de las enfermedades emergentes

06/06/2018 - ANECPLA
La Asociación Nacional de Empresas de Sanidad Ambiental (ANECPLA) se suma a la celebración del Día Mundial del Control de Plagas, cuyo objetivo es concienciar a la sociedad, a nivel mundial, de la importancia del sector de la sanidad ambiental para proteger la salud pública.

Más de dos millones de personas mueren cada año en todo el mundo debido a picaduras de mosquito y las enfermedades que éstos transmiten. La Asociación Nacional de Empresas de Sanidad Ambiental se suma a la celebración del Día Mundial del Control de Plagas alertando del resurgir que las enfermedades emergentes como el virus Zika, el Chikungunya o el Dengue, entre otras muchas, están experimentando.

El Día Mundial del Control de Plagas tiene como objetivo concienciar a la población mundial de la importancia de la industria del control de plagas, que vela por el bienestar y la salud pública, es una iniciativa surgida desde el pasado año 2017 a propuesta de la Asociación China de Control de Plagas y con el apoyo de otras organizaciones internacionales del sector como la Confederación Europea de Empresas de Control de Plagas (CEPA), la Asociación de Control de Plagas Asia – Pacífico (FAOPMA) y la Asociación Nacional de Empresas de Control de Plagas de Estados Unidos (NPMA).

Una celebración que, en palabras del presidente de ANECPLA, Aurelio Abril, “constituye un importante hito destinado a lograr reconocimiento social y respaldo a la labor de los profesionales del sector de control de plagas, que velan por la sanidad ambiental y la salud pública”.

Pequeñas picaduras, grandes amenazas

El cambio climático, el incremento del volumen poblacional en las zonas urbanas, el paso de determinadas aves migratorias o el movimiento demográfico son algunas de las causas que han propiciado el resurgir -en los últimos años- de las llamadas enfermedades emergentes o reemergentes. Un mapa de afecciones de lo más variado que abarca prácticamente toda Europa y muy especialmente los países del Sur del conteniente. España, por tanto, no ha sido una excepción y lejos de quedar atrás en las estadísticas, ha visto como, desde 2004, se ha ido incrementado el número de dolencias de origen tropical y personas afectadas por virus como el del Zika, el Dengue, el Chikungunya o el mal de Chagas, entre muchos otros.

Este tipo de enfermedades, habitualmente propias de climas tropicales y algunas de ellas incluso ya olvidadas y erradicadas, han ido ganando presencia de nuevo en zonas específicas del territorio español, como la costa levantina. Es en regiones con una climatología húmeda y cálida donde especies vectores de dichas enfermedades más se detectan y reproducen.

El mosquito Aedes albopictus que invade España, por ejemplo, conocido también como mosquito tigre y procedente del trópico asiático, es uno de los principales transmisores de los tres primeros virus mencionados. Desde que hace más de una década la especie se asentara en el área urbana de Barcelona no ha hecho si no extenderse y colonizar ya 15 provincias españolas. Estas constantes nuevas localizaciones del mosquito tigre en nuestro país exigen, en opinión de la directora general de ANECPLA, Milagros Fernández de Lezeta, “el refuerzo de las medidas de control y reducción de esta especie a fin de frenar su propagación. Una reducción y control que incluiría alertas, coordinación entre los distintos agentes implicados y los tratamientos necesarios para una buena gestión medioambiental que evite su presencia y disminuya su población en humedales y otros hábitats”.

Por si fuera poco, se ha demostrado que su reacción a los biocidas es diferente según la zona donde estos se apliquen; y, por si fuera poco, la especie ha generado cierta resistencia a las mismas.

Transmisores de fiebre amarilla y malaria

Asimismo, otros dos mosquitos, uno del género Aedes y otro de la especie Anopheles, son vectores de otras de las enfermedades tropicales sobre las que los expertos ponen la atención: la fiebre amarilla y la malaria o paludismo. La primera enfermedad ya fue habitual hace siglos en la zona del Mediterráneo por causa de los navegantes y, ahora, el mosquito transmisor podría amenazar con volver a establecerse en las zonas hábitat de su compañero el tigre. La enfermedad debe su nombre al color de la piel que caracteriza a los afectados y si bien tiene una tasa de mortalidad del 50% en los casos mal diagnosticados, dispone de vacuna segura, asequible y eficaz.

Sin ir más lejos, el pasado mes de diciembre, la Consejería de Sanidad del Gobierno de Canarias confirmó la detección en la isla canaria de Fuerteventura de dos hembras del mosquito Aedes aegypti. Afortunadamente, las labores de extinción de esta especie fueron muy efectivas y apenas cuatro meses después las autoridades declararon la erradicación de este mosquito de la isla.

La segunda afección, la malaria, es otra vieja conocida de Europa. Su especie transmisora se ha detectado puntualmente en contenedores de mercancías en diversos puertos de Europa después de haber sido erradicado en el siglo XX. Situaciones frente la que expertos, científicos y, en general, la comunidad internacional, no baja la guardia. 

Investigaciones con Wolbachia

Estas situaciones han provocado en la sociedad una creciente preocupación y han puesto en alerta a autoridades, científicos, agentes y organismos relacionados con el sector de todo el mundo. Se trata, por tanto, de un problema de salud pública importante sobre el que seguir trabajando para corregir y en ese sentido avanzan, cada vez más, las diferentes líneas de investigación y actuación de las que vamos teniendo constancia. Una de las últimas, por ejemplo, está relacionada con la bacteria Wolbachia.

Varios estudios científicos en distintas partes del mundo investigan las posibilidades de que la bacteria Wolbachia logre la erradicación de una de las especies invasoras más dañinas: el mosquito tigre, portador, como ya hemos mencionado, de algunas de las enfermedades tropicales más extendidas del mundo.

El control del mosquito tigre con Wolbachia se presenta como una técnica esperanzadora”, reconoce Milagros Fernández de Lezeta, directora general de ANECPLA, “sin embargo, precisa de un tiempo de evolución para que veamos sus efectos a medio-largo plazo”, apunta, “ya que el éxito está en la transmisión de la bacteria a futuras generaciones”.

Las líneas de trabajo que se están llevando a cabo consisten en inyectar dicha bacteria a los machos de la especie, quienes a su vez esterilizan a aquellos mosquitos hembra con las que se hayan apareado. Esta técnica incide sobre el punto clave de esta especie. Y es que los mosquitos tigre se reproducen con extrema facilidad. Son las hembras las que pican, ya que necesitan de la sangre para reproducirse, siendo los responsables directos de la transmisión del virus Zika.

En el año 2016 ya se puso en marcha esta técnica en ciernes en pleno corazón del Zika: Brasil y Colombia. La epidemia consiguió controlarse en Sudamérica a comienzos de 2017, pero aún es difícil evaluar si fue gracias a la implementación de esta práctica. “Del mismo modo que tampoco sabemos”, plantea Fernández de Lezeta, “cuáles son las consecuencias a largo plazo de la inoculación forzada de esta bacteria en los mosquitos. Con todo, se trata de un campo de investigación que, si bien tiene que seguir desarrollándose, viene a arrojar luz sobre el problema que supone la creciente población de esta especie en nuestro país”.

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