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NOTICIA

ANECPLA ofrece 5 consejos de prevención para evitar contagios por tularemia

07/10/2019 - ANECPLA
Se trata de una enfermedad, causada por la bacteria Francisella tularensis, y padecida por roedores salvajes que tiene la capacidad de transmitirse a los humanos a través de la picadura de mosquitos, pulgas garrapatas, etc., causando fiebres altas, escalofríos, dolores fuertes de cabeza, rigidez articular y dolores musculares, entre otros síntomas.

La plaga de topillos que trae de cabeza a los agricultores de Castilla y León desde hace meses ha desbordado el campo para colarse también en los pueblos, los jardines y las piscinas de los alrededores. Son múltiples las fuentes que señalan esta plaga como origen del brote de tularemia que está comenzando a hacer estragos, sobre todo, en la provincia de Palencia. “Se trata de un problema de primer orden del que ya estamos sufriendo las consecuencias a nivel de salud pública y que puede agravarse mucho más si no se ponen cuanto antes las medidas oportunas”, alerta Milagros Fernández de Lezeta, directora general de la Asociación Nacional de Empresas de Sanidad Ambiental (ANECPLA).

Y es que ya son 50 los casos de tularemia que se han registrado en la región palentina durante los últimos meses, más otros posibles 37 que se encuentran aún en fase de estudio. Unas importantes cifras que han hecho saltar todas las alarmas en nuestro país. Desde el pasado 3 de julio, cuando se diagnosticó el primer caso de esta enfermedad, el número de afectados por tularemia no ha parado de crecer hasta alcanzar el medio centenar actual -al que puede que se le sume alguno de los 37 que aún se encuentran en fase de estudio- y que sin duda suponen un problema de primer orden para la salud pública en nuestro país. 

“Aunque a muchos les suene ajena, la tularemia es una vieja conocida de los castellanoleoneses. Ya que hace algo más de una década -concretamente en 2007- ya se registró un importante brote de tularemia en la región que coincidió con otra plaga de topillos que arrasó los campos castellanos”, explica la directora general de ANECPLA, Milagros Fernández de Lezeta.

Se trata de una enfermedad causada por la bacteria Francisella tularensis, cuyos reservorios habituales son los roedores salvajes. Esta bacteria se transmite a los humanos a través de la picadura de garrapatas, tábanos o mosquitos -que ejercen de vectores principales-, además de mediante la ingesta de carne de animales infectados o el contacto directo con éstos a través de, por ejemplo, una herida en la piel. 

Los síntomas aparecen apenas 3 días después de la exposición a la bacteria en forma de fiebres altas, escalofríos, rigidez articular, dolores musculares, etc. y pueden llegar a prolongarse hasta varias semanas después. 

Desde la Asociación Nacional de Empresas de Sanidad Ambiental (ANECPLA), su directora general insiste en la importancia de “incrementar las labores de control de la plaga de topillos por parte de equipos profesionales a fin de reducir el alto riesgo de infección de esta enfermedad que existe ahora mismo y que ha venido a multiplicarse de manera exponencial en Castilla y León en los últimos 3 meses. 

5 recomendaciones de ANECPLA para evitar contagios

Desde ANECPLA se recomienda especialmente poner en marcha medidas de control de plagas ejecutadas por profesionales del sector como principal medida para solucionar este brote. Además, al mismo tiempo, la Asociación Nacional de Empresas de Sanidad Ambiental ofrece 5 recomendaciones útiles para evitar en la medida de lo posible más casos de contagio por tularemia: 

  1. Evitar el contacto con animales muertos o enfermos. En caso de que sea necesario, utilizar guantes y mascarilla.
  2. Cocinar a más de 70ºC la carne procedente de animales de caza -su congelación no destruye a la bacteria-.
  3. No consumir agua de arroyos o corrientes que puedan estar contaminadas. Si es necesario deberá ser clorada previamente (0.1 ppm al menos 15 minutos).
  4. Evitar las picaduras de mosquitos, pulgas, tábanos y garrapatas aplicando las medidas de prevención oportunas.
  5. Proteger, en la medida de lo posible, a los animales domésticos de la parasitación por garrapatas, pulgas, etc. mediante barreras físicas (mallas, mosquiteras…) y/o repelente

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