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OPINIÓN

Juan Díez de los Ríos, Presidente de ASPEL

La asociación de empresas de limpieza pone el acento en la visibilidad y la sostenibilidad

No podríamos entender a este sector, el más básico de la sociedad; del que “sólo se habla cuando hay suciedad”... -sólo se acuerdan de nuestro sector económico cuando falta- ¡Qué poca visibilidad tenemos en la sociedad!...

Decíamos, que no se puede entender a este ‘sano’ sector sin mirar un poco de su historia reciente en nuestro entorno europeo. El paso de limpiar y asear con personal propio, lo que se llamaron contratas de limpieza, apareció en Francia y Suecia al final del siglo XIX; ya en el XX, bien entrado, eclosiona la llamada externalización de los servicios. En 1990 el sector facturaba 14 mil millones de euros, y en el comienzo de esta crisis/recesión que nos azota, con los datos agregados de nuestra Europa actual, en el año 2008, la Limpieza facturó casi 60 mil millones de euros (en 2008 España ocupó el cuarto lugar con ocho mil millones de euros después de Italia, Francia y Alemania). El sector se multiplicó por cinco en 18 años, con un crecimiento anual medio del 10 por ciento. Dentro del PIB del sector servicios que representa el 67 por ciento del PIB nacional (es decir 698 mil millones de euros), de ahí que la limpieza seamos el 1,05 por ciento, es decir hemos bajado a los casi siete mil millones de euros al año a precios de mercado.

En la limpieza, desde su comienzo, los cambios fuertes siempre han venido del lado de la demanda, los clientes van estableciendo puentes o, podíamos llamarles, procesos entre realizar el servicio con empleados propios o contratar profesionales. En los años de entreguerras aparecieron los detergentes y las aspiradoras eléctricas dando lugar a la profesionalización y mecanización que estimuló a las empresas, en esta ocasión se movió el lado de la oferta; y en los años sesenta la oferta se multiplicó al ser un sector en el que casi no hay barreras de entrada, con habilidades y técnicas de los trabajadores que son básicas y una pequeña inversión, aspectos que hoy ya en el siglo XXI continúan semejantes que entonces. Después, ya en los setenta, la necesidad de mayor competitividad en los mercados -al igual que hoy se busca rabiosamente- provocó la escalada del efecto, en anglosajón, ‘outsourcing’, creciendo la demanda otra vez. Se pasó de una penetración media en Europa de las contratas de un 43 por ciento en los noventa, al 63 por ciento actual; y ahí resalto que España está entre los primeros países con un 80 por ciento de negocio de limpieza en manos de empresas especializadas, quedando aún un 20 por ciento, realizándose con personal propio. Debemos decir que hoy surgen clientes, que de forma transitoria y cortoplacista, por suponer que hacen ahorros, buscan volver al personal propio.

¿Qué se limpia?

 Limpiamos, fundamentalmente, oficinas  en un 50 por ciento, industrias un 11 por ciento, enseñanza y hospitales un 12 por ciento y áreas comerciales otro 5 por ciento. Nuestros clientes de la Administración pública son el 72 por ciento de nuestros ingresos. El resto privados.

Censadas en 2008 éramos 150.000 empresas en Europa, de ellas 18.279 empresas de limpieza en España; desde 2008 y hasta hoy se han cerrado más de 2.000. Esta atomización es una característica que siempre se cita del sector de la limpieza, ya que empresas con más de 500 trabajadores sólo son el 1,5 por ciento en toda Europa, que a su vez emplean a la mayoría de los 4 millones de trabajadores del gremio europeos. La tendencia hasta hoy ha sido reducir la atomización cuando la economía iba bien, por la necesaria concentración para producir suficiente masa crítica que pueda generar flujos de caja que permitan a las empresas sobrevivir e, incluso, financiarse. Y hoy continúa la tendencia, pero esta vez es debida a la defunción de las empresas más pequeñas que no pueden sobrevivir por las reducciones (‘recortes’) en los ingresos, morosidad de los clientes y falta de ayuda financiera para invertir e, incluso, para el circulante que facilite el pago de las nóminas de los trabajadores.

En Aspel nuestras 17 asociadas emplean a casi el 40 por ciento de los trabajadores del sector, que hacen la vida más saludable a todos los españoles. El coste laboral, como es lógico, en nuestro trabajo de limpieza son las horas necesarias para realizar las labores de aseo y representa más de un 85 por ciento del coste en nuestras cuentas de resultados.

Por el escaso tiempo en que quedan disponibles y libres las instalaciones hacemos un uso mayoritario del trabajo a tiempo parcial y suplimos bajas con contratos eventuales. Pero hoy sabemos que debido a la recesión económica estos salarios han pasado de ser un complemento, en el pasado, de ingresos familiares a ser los únicos ingresos de muchas familias. Mayoritario también es el empleo femenino y tiene una relativa importancia la inmigración, al ser el sector de la limpieza una puerta para después acceder a otros trabajos.

Esta crisis nos ha traído novedades y cambios en el marco legislativo laboral, primero con la reforma laboral en la que se avanzó un poco y fue insuficiente; nos generó a las empresas inseguridad al dudar en cómo aplicar las condiciones  y sanciones. Después con la negociación colectiva, que nunca antes habíamos logrado obtener, la legitimación y representatividad legal, de la que ahora disponemos y por la que ahora legalmente existimos (estuvimos siempre pero no nos era reconocido), y bien presentes en el sector. 

Por otro lado, ¿cumpliremos nuestro viejo anhelo de simplificar la negociación colectiva en un convenio nacional del sector normativo que logre para este país el marchamo de mercado único? (Ya hemos constituido la mesa y estamos enfrascados en ello ‘a tope’. Sonreímos cuando se avanza en la directiva europea con ese mismo nombre.) ¿O seguiremos dispersos tirando valor por la atomización? (En el estudio de Análisis de Negociación Colectiva de la UCLM se citan 61 convenios de limpieza de oficinas y locales; en el estudio europeo no tenemos precedente) ¿Dejaremos algún día de causar perplejidad a nuestros socios europeos? Decididamente creemos que sí, y nuestra voluntad es hacerlo ahora. ASPEL está firmemente comprometida a lograrlo.

Terminamos citando el comienzo del artículo, ponemos más acento en hacernos más visibles porque cuando apostamos por ello nos encontramos que podemos opinar en las instituciones de las que formamos parte y que nos conozcan y comprendan lo que pensamos y pasamos. Estamos convencidos de que ofreciendo a la sociedad civil nuestra información, veraz y profesional, podremos dignificar al sector, y somos responsables si no lo hacemos.

Después hemos resaltado ser sostenibles, competir en lealtad, defender que este sector es de servicios. No vendemos productos tangibles sino trabajos, que todo el mundo conozca que estamos sujetos a la norma legal de subrogación, que abominamos el precio y el factor financiero como factor decisivo de valoración de una oferta y no nos parece de justicia que se nos convoquen los concursos que son subastas, y en algún caso, además, electrónicas. Que en todos los foros donde seamos escuchados proponemos hacer del mercado de la limpieza un mercado sostenible con creación de valor, sin bajadas de precio sin sentido, miopes que abocan a la quiebra de las empresas y a aumentar significativamente las cifras del paro.

Sostenible, en el sentido de permanencia en el tiempo y, por ello, la obligación de hacer bien nuestro trabajo y cobrarlo. Es un sector camaleónico que puede y se adapta a las circunstancias -¡que hay que adaptarse a la austeridad!-. Propondremos hacer más servicios y repartir el trabajo de la forma que nos pidan nuestros clientes y aumentar la productividad. ¡Qué caen nuestros ingresos y no crecemos...! estableceremos estrategias de hacer ventas cruzadas de sinérgicos servicios e, incluso, vender nuestro ‘saber hacer’ en otros países que no estén en nuestro ciclo de recesión.

¿Qué nos preocupa?

Además de lo ya expresado nos preocupa la forma en que se plantean las reducciones de servicio, sin el diálogo necesario y sin adaptar también otras tensiones que se producen; niveles de servicio; formas de contratación pública, como las centrales de compra y los agregados en macro-concursos; volver a los contratos de trabajo que se adaptan al servicio que se requiera (los antiguos por servicio u obra a la duración de la contrata). Nos preocupa mucho la demora en los pagos, que es letal; la no existencia de financiación del circulante; y que no tengamos fácil el hablar de cómo arrimar el hombro para allanar la salida de la recesión actual. Hay que establecer los canales de diálogo tan complicados con la Administración en contrapartida con los privados.

Desde ASPEL sostenemos que tenemos que arreglarlo entre todos, porque sabemos cómo; juntos de verdad, para un interés común sin exclusiones; salir y continuar nuestra actividad.

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