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ARTÍCULO TÉCNICO Historia de la alfombra: desde Turquestán hasta Crevillente

Alfombras de Crevillente: la etiqueta que hace hogar

13/03/2015 - Eduardo Díaz, director gerente y presidente de UNIFAM
La alfombra nació para sustituir a las pieles de animales que los nómadas y las poblaciones primitivas dedicadas al pastoreo usaban para protegerse del frío terreno.

El origen de la alfombra se pierde en la oscuridad de los siglos pero se podría situar geográficamente en la cuenca de Turquestán, en donde han sido hallados fragmentos que se remontan a los siglos II-VI a. C. Con las grandes migraciones la zona de producción se extendió al este hacia China y al oeste hacia Persia, el Cáucaso y Asia Menor. 

La alfombra nació para sustituir a las pieles de animales que los nómadas y las poblaciones primitivas dedicadas al pastoreo usaban para protegerse del frío terreno.

La maestría en la preparación de tejidos se originó por la necesidad de mantener calientes los hogares en las tierras altas y ahorrar combustible. Su evolución enriqueció tanto los colores y diseños que nadie puede competir con ellos.

La alfombra más antigua que se conoce, y aún se conserva, además de los fragmentos descubiertos en Turquestán, es la Alfombra Pazyryk (de lana decorada con animales y caballeros) encontrada en 1949 en las tumbas del valle de Pazyryk, en la meseta de Altai, Siberia meridional, fechable en el siglo V a. C. (actualmente en el Museo del Hermitage, St. Petersburgo). 

A partir del siglo VI d. C. florecieron los talleres orientales de corte: en ellos se producían alfombras de grandes dimensiones, bastante elaboradas y ricas en ornamentos y figuras que requerían meses y a veces años de paciente trabajo.

Sin embargo, la máxima producción de alfombras se dio entre los siglos XVI y XVII en Herat, Persia (alfombras con decoraciones florales, Florencia, Mus. Bardini). 

Su llegada a Europa se realizó a través de las transacciones comerciales de griegos y romanos con los pueblos asiáticos pero, tras la caída del Imperio Romano y los siglos de aislamiento subsiguientes, las alfombras llegaron de nuevo a Europa por dos vías de penetración: una con los árabes, a través de la España musulmana, donde la ocupación morisca ejerció su influencia sobre los artesanos autóctonos, al tiempo que ellos mismos instalaban sus talleres en las tierras conquistadas; y otra posterior, a través del Imperio Bizantino, tanto por la estancia de los cruzados en Oriente como por las invasiones turcas en Europa central.

Respecto a nuestro país, aunque en un principio fue en Andalucía donde más se extendió este tipo de manufactura, pronto florecieron telares en otros lugares de la Península, difundiéndose el arte de la alfombra durante la Reconquista. 

Los orígenes de la alfombra en Crevillente se remontan a los tiempos de la ocupación morisca, e incluso se afirma que en realidad arranca de la época romana, sin embargo la primera noticia documentada de la existencia de esta artesanía es muy posterior, concretamente del año 1411, cuando un convenio entre pueblos concedía a los habitantes moros de Crevillente el permiso para segar el junco de las zonas pantanosas del Vinalopó y el Segura, destinado sin duda a la fabricación de esterillas.

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