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REPORTAJE

Gestionando un sinfín de residuos

26/08/2013 - Leticia Duque
Un complejo hospitalario genera una gran cantidad de residuos, no todos ellos con el mismo grado de peligrosidad. Su gestión (manipulación, almacenamiento, eliminación) es fundamental y está basada en una gran cantidad de normativas que regulan un amplio abanico de materias. La dirección de los hospitales comprendió la necesidad de un protocolo de actuación que salvaguarde a los trabajadores y pacientes del alto riesgo de infección que estos residuos pueden producir si no se tratan de manera correcta. La formación ante este sistema y, sobre todo, su comunicación a los trabajadores se torna imprescindible, puesto que en el proceso de gestión de los residuos hospitalarios participan todo el personal laboral.

Al igual que, por el tipo de sociedad que hemos construido, los residuos han aumentado considerablemente, en los hospitales también se ha producido la misma tendencia. Estos centros tienen que lidiar con todo tipo de residuos: los habituales (restos de comida, papel, plástico, vidrio, electrónicos, etc.) y los propios de la actividad que realizan (químicos, biológicos, radioactivos, etc.). Como, de sobra, conocemos ya, cada residuo recibe un tratamiento de acuerdo a factores tales como su utilidad, el material del que se compone, su biodegradabilidad, la contaminación que produce…La gestión de los residuos en los hospitales, como en tantos otros sitios, no se ha desarrollado siempre, tuvo un comienzo. 

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En el caso de los centros sanitarios la evidencia de la necesidad de esta gestión surge, por un lado, de la necesidad que nos demanda el medio ambiente -a la vez que este tipo de gestiones se han ido asumiendo en otras actividades como en la hostelería, industrias, oficinas, etc.-fruto de las campañas de sensibilización e información que llevan desarrollando los distintos agentes sociales en pro de la sostenibilidad, del freno al cambio climático y del descubrimiento de que los recursos son limitados; para completar un ciclo del reciclado, de la revalorización, que apenas aún hoy comienza tímidamente a funcionar -a esta labor aún le queda un largo camino por recorrer, desarrollando una infraestructura apropiada para llevar a cabo la fase final, cuando el producto vuelve a reutilizarse y no muere con un sólo uso. Llegar al vertido cero es aún una utopía.

Por otro lado, según afirma la Guía de Gestión de Residuos en Centros Sanitarios del Servicio Extremeño de Salud, a partir de 1980 y especialmente tras la aparición de la enfermedad del virus de Inmunodeficiencia humana (HIV en sus siglas en ingles), los residuos generados en centros sanitarios “comenzaron a ser percibidos como un potencial problema de salud pública, lo que llevó a un endurecimiento en las regulaciones medioambientales de países de nuestro entorno, como Francia, Alemania, Holanda, etc.”. No sólo por “salud pública” también bajo el principio de salud laboral, puesto que los primeros que se encuentran en contacto con los residuos más peligrosos -de distintas categorías y por lo tanto consecuencias- son el propio personal laboral.

 Todo ello llevó, en su momento, a generar una reflexión; y basándose en las distintas normas que regulan los residuos (residuos peligrosos, transporte de residuos, residuos tóxicos, residuos de envases, etc.) se han realizado por todo el territorio español guías con las que establecer un riguroso protocolo de actuación que junto con las empresas especializadas -no sólo la recogida de residuos peligrosos también la empresa que presta el servicio de limpieza, los transportes, etc.- realizan funciones específicas que contribuyen a la gestión de los residuos.                                                                 

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La sostenibilidad es un objetivo que gana fuerza junto con los antes descritos. Muchos de los residuos que se generan en los hospitales o centros sanitarios están compuestos por sustancias altamente contaminantes que necesitan un tratamiento mucho más especializado, pero además, como el resto de la sociedad, deben contribuir a minimizar los residuos. Crear una cultura sostenible se hace necesario, también, dentro de estos centros donde se utilizan infinidad de materiales, diariamente, (jeringuillas, toallas, algodones, guantes). Aunque, por descontado, existen instrumentos en los que no se debe escatimar, sí tender hacia una reducción de envases, exactamente igual que en otras actividades económicas; ésta es, por ejemplo, una medida que desde la gestión de residuos se puede demandar a las empresas productoras.

Gestión de residuos

Las Comunidades Autónomas se rigen en este sentido por los Planes de Gestión de Residuos que desarrollan los Servicios Sanitarios de cada comunidad; el documento en el que se plasma esta gestión es específico en cada centro. La gestión de los residuos es el conjunto de medidas necesarias con garantías técnicas, de prevención de riesgos, económicas y ambientales para la identificación, segregación, envasado, almacenamiento, transporte y tratamiento de los desechos producidos en los centros sanitarios. Esta gestión también debe basarse en el principio de “Gestión Avanzada” que plantea la normativa vigente, en especial las directivas de la Unión Europea sobre la materia.

Se tiene en cuenta en las guías que se desarrollan para cada centro, el criterio de minimización de los residuos, así como la protección a la salud de los trabajadores, pacientes y usuarios. Por supuesto, en todas las fases que requiere la gestión de los desechos se tiene muy en cuenta los conceptos de asepsia, inocuidad y economía.

El proceso

Una vez producido el residuo hasta su eliminación el centro debe tener en cuenta unas fases que requerirán de unos lugares específicos, por lo que éste debe contar con: lugares de producción, segregación y envasado, circuitos de transporte y condiciones de almacenamiento.En la primera fase se trata de identificar, segregar, acumular y envasar el residuo.

En este momento es cuando la persona encargada deberá conocer qué tipo de residuo se está generando. La segregación en el origen –donde se ha formado el residuo- es el punto de partida del proceso. Ésta asegura un adecuado tratamiento posterior, por lo que la formación del personal, en la distinción de cada residuo y su nivel de peligrosidad, así como su correspondiente envase; y la adaptación de una sala donde realizar la labor, evitando la mezcla de los residuos según la clasificación de estos en base al grupo al que pertenecen, siguiendo los criterios de una manera estricta, evitando al mínimo los niveles de riesgos son fundamentales.La primera pauta para la recogida, transporte y almacenamiento es que sea siempre diaria.

Los hospitales señalarán claramente dónde se encuentran los puntos de producción de residuos, de almacenamiento y de recogida, se creará un circuito por el que se dirigirá los residuos hasta su llegada a los vehículos que se encargarán del trasporte. El traslado interno debe hacerse mediante carros especiales, estos sólo trasportarán este tipo de mercancías -cualquier herramienta o lugar que se destine para la gestión de los residuos sólo se utilizará para tal fin inclusive los ascensores o pasillos utilizados-. Además, los utensilios, así como las paredes deben ser lisas y de fácil limpieza, puesto que los operarios del servicio se encargarán diariamente de mantener en el mejor estado y con la más alta desinfección los mismos.

Es muy importante tener en cuenta que en todo este proceso el residuo debe mantenerse aislado de todo tipo de contacto, no sólo de un trabajador sino de paredes o de las herramientas; los circuitos deben estar completamente cerrados, los envases en los que se transportan herméticos. Evitar un posible contacto es de vital importancia -pensemos en las jeringuillas o tubos que hayan contenido sangre, que pueden albergar bacterias de enfermedades altamente peligrosas para una persona-, puesto que la máxime de un centro sanitario es el aislamiento de todo tipo de sustancias peligrosas o bacterias, virus, etc.                 

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Es fundamental mantener, a su vez, separados y bien distinguidos las zonas de sucio y limpio. En caso de almacenamiento de los residuos está estipulado un periodo mínimo de doce horas, siendo este almacén de categoría intermedia.En todo este proceso no cabe la menor duda de que el personal laboral utilizará los equipos de protección más eficaces.En los centros sanitarios existirá un depósito general para todos los contenedores, dedicado exclusivamente a ese fin.

Este depósito cumplirá con la normativa vigente, además se debe tener en cuenta unas recomendaciones básicas como su ventilación e iluminación, la impermeabilidad -como mínimo de dos metros de altura-, nuevamente cumplirá la facilidad de desinfección y limpieza, deberá ser accesible a los vehículos de recogida, entre otros. El almacén central de los residuos sanitarios del centro podrá contener los residuos generados en un periodo máximo de 62 horas. En el caso de que dispongan de un sistema de refrigeración que garantice una temperatura constante de cuatro grados centígrados, el periodo de almacenamiento podrá ser de una semana.

Se recomienda asimismo la implantación de sistemas mecanizados de recogida de las bolsas y recipientes que contengan residuos sanitarios para evitar el contacto directo de los trabajadores encargados de la recogida y transporte. La Ley de 10/1998, de 21 de abril, de Residuos define claramente la obligatoriedad de la entrega del poseedor de cualquier residuo (no peligroso) a gestores autorizados para su valorización o eliminación. En este tipo de residuos, los centros procederán a la separación en origen de aquellos detritos que, por su naturaleza, sean subsidarios de tratamientos específicos de algún tipo de valorización o reciclado (papel, cartón, madera, plásticos, etc.) previamente a su entrega a un agente económico.

La recogida y tratamiento de estos desechos corresponde a la empresa concesionaria del servicio municipal.En el caso de los residuos peligrosos, la gestión corresponde a los denominados gestores autorizados. La autorización para tal fin es competencia de la consejería de Medio Ambiente. En este sentido, el centro sanitario llevará un sistema de registro oficial con un documento de control y seguimiento de residuos tóxicos y peligrosos.

Clasificación

Los residuos –peligrosos y no peligrosos- se clasifican en grupos por tipologías que ayudan a catalogarlos y, por ende, a su correcta manipulación y tratamiento. Aunque se trata de que exista una homogeneidad en todo el territorio, se encuentran pequeñas diferencias. Aún así los centros entienden como primer grupo los desechos producidos fuera de la actividad asistencial, es decir los “residuos generales asimilables a urbanos”. Entre otros se incluyen restos de comidas, alimentos y condimentos que se generen en cocinas, plantas de hospitalización, comedores, cafeterías: embalajes, mobiliario, jardinería, colchones, etc. El segundo grupo lo componen los denominados “residuos sanitarios asimilables a urbanos”, producidos como consecuencia de la actividad asistencial y de investigación asociada sin peligrosidad real, que no están incluidos en el grupo anterior, como por ejemplo gasas, vendajes, yesos, restos de sangre, etc. A partir del grupo tres empiezan a clasificarse los detritos con circunstancias específicas, pueden ser infecciosos, radioactivos, material punzante, por lo que su gestión debe ser rigurosa y metódica.                  

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Así el grupo tercero se compone de productos utilizados en la actividad sanitaria o de investigación que conllevan algún riesgo potencial para los trabajadores, expuestos o para el medio ambiente, siendo necesario observar medidas de prevención en su manipulación, recogida, almacenamiento, transporte, tratamiento y eliminación.Dentro de la categoría tercera en los centros sanitarios se subdividen en: infecciosos, material punzante o cortante, residuos microbiológicos, residuos infecciosos de animales de experimentación, vacunas vivas y atenuadas, sangre y hemoderivados en forma líquida, residuos procedentes de unidades de diálisis y residuos anatómicos no identificables.

El grupo cuatro se ha definido como los residuos químicos y citostáticos. Por un lado, las sustancias químicas están sometidas a legislación específica de residuos peligrosos. Por otro lado, el término de desechos citostáticos abarca a todos los restos de medicamentos anticancerosos no aptos para su uso terapéutico y a todo aquel material sanitario de un sólo uso que haya estado en contacto con el fármaco, ya sea en su preparación o en la administración a los pacientes, además de las excretas de los pacientes que han recibido el tratamiento. Asimismo, se incluyen en este grupo los aceites usados, residuos con metales tóxicos, líquidos de revelado de radiología y fotografía.Los residuos anatómicos humanos pertenecen al grupo quinto, estos restos están regulados por el reglamento de cada comunidad de Policía Sanitaria Mortuoria.Finalmente, en el grupo sexto se encuentran los desechos radioactivos, tanto sólidos como líquidos, radioactivos en sí mismos, que se desechan por no ser ya útiles, así como aquellos productos que estén contaminados con dicho material y por tanto emitan radiación. Para su gestión se separan en dos grupos: los líquidos y los sólidos.

Una vez reconocido el desecho el operario sabrá dónde depositarlo. A su alcance encontrará bolsas y contenedores distinguidos, además de por colores porque deben llevar impresos los correspondientes pictogramas, como el de biorresiduos o la clasificación de citostático. Las bolsas utilizadas para la clasificación de residuos tercero y cuarto están sujetas a normativa. Los contenedores deberán ser de un sólo uso, elaborados con materiales que garanticen su total eliminación, rígidos, impermeables, resistentes a agentes químicos y materiales perforantes y que dispongan de un cierre provisional que garantice su estanqueidad hasta su llenado y con un cierre hermético definitivo. La tapa estará dotada de un mecanismo adecuado de desactivación de los dispositivos con elementos cortantes o punzantes insertados en forma de lanza o roscadas.

Algunas de las categorías de desechos como los correspondientes a los residuos anatómicos humanos y los radiactivos pasan directamente a los gestores autorizados. En el caso de los primeros será la Policía Sanitaria Mortuoria; en el segundo caso será ENRESA la encargada de recogerlo y tratarlo.La seguridad con la que debe ser tratado todo este material tiene que ser extrema. En determinadas ocasiones un residuo se compone de varias sustancias, por lo que se hace obligatorio que a éste le acompañe una ficha de seguridad. Estos documentos de seguridad de los productos que han intervenido en la formación del residuo son muy útiles a la hora de clasificarlos, evitando, en la mayoría de los casos, tener que recurrir a otros medios más costosos. La ficha hará referencia a la peligrosidad de una determinada sustancia presente en el resto y su concentración -es importante distinguir entre sustancia y preparado-.  

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