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OPINIÓN

Jesús Martínez Nogal, Presidente de AFELÍN. Director general de Grupo NB

Calidad del aire interior

La sociedad actual, especialmente la occidental, es fundamentalmente urbana. Entre el 70% y el 80% de las personas vivimos en núcleos urbanos de tamaño medio o grande.

Asimismo, pasamos alrededor del 90% de nuestro tiempo en espacios cerrados o ambientes de interior. Todos estamos muy concienciados en los temas que hacen referencia al medio ambiente exterior, y eso está muy bien, sin embargo ha costado mucho más avanzar en la regulación de las condiciones ambientales de interior, a pesar de que los datos expuestos al inicio reflejan la importancia y la influencia que las condiciones ambientales interiores pueden tener sobre muchísimas personas en su salud y su confort.

Hecha esta introducción, que no por mucho repetida deja de ser imprescindible para abordar, entender y acercar el problema de la calidad ambiental en el interior de los edificios a las personas ajenas profesionalmente a este sector. Pero vayamos definiendo temas para ir teniendo claros algunos conceptos importantes. A veces se confunde la calidad ambiental en interior con la calidad de aire interior. Calidad Ambiental Interior (CAI) está definida como el “conjunto de condiciones ambientales definidas por niveles de tolerancia en relación a contaminantes químicos, biológicos, físicos y de confort, que no afectan negativamente a la salud ni al bienestar de los usuarios”. Por otro lado, la calidad de aire interior, son las condiciones higiénicas del aire que respiramos dentro del espacio cerrado, que no contiene sustancias contaminantes en cantidades que resulten nocivas para la salud y cuya calidad sea satisfactoria al menos para el 80% de las personas expuestas. Tiene que ser un aire libre de contaminantes que puedan afectar negativamente a las personas que lo respiren. Con estas definiciones, observamos que la CAI engloba muchos aspectos, siendo la calidad del aire uno de ellos, pero eso sí, de gran importancia e influencia sobre ésta.

Este artículo quiere poner el foco en el aire interior, por lo que en primer lugar es necesario aclarar que el aire exterior puede sufrir alteraciones al introducirlo al interior, así como que las condiciones del aire exterior es un primer elemento que puede afectar a la calidad del aire interior. Según su origen, podemos clasificar las fuentes de contaminación en dos grandes bloques, una contaminación exterior que introducimos a través de la ventilación y el sistema de climatización; y otra contaminación que se genera o producimos desde el interior, como los materiales de construcción y decoración, los trabajos de mantenimiento y limpieza de locales, utilización de pesticidas, lo generado por equipos ofimáticos, el introducido por las propias personas enfermas (gripes…), adaptación de microorganismos en las instalaciones (legionellosis, aspergilosis...), etc.

Por lo tanto, teniendo en cuenta estas fuentes de contaminación, nuestro objetivo para obtener una buena calidad de aire interior se tiene que centrar en dos aspectos importantes:: Reducir al máximo posible los contaminantes del exterior mediante un buen mantenimiento higiénico sanitario de los sistemas de ventilación.: Reducir al máximo posible los contaminantes generados por los focos ocasionados en el interior.

El funcionamiento de los sistemas de climatización en los edificios explicado de manera sencilla sería el siguiente: por medio de una UTA (Unidad de Tratamiento de Aire) cogemos aire del exterior, lo pasamos por diferentes fases de filtración y lo tratamos térmicamente (calentamos en invierno y enfriamos en verano), para a partir de ahí llevarlo a través de la red de conductos de impulsión a los diferentes locales de nuestro edificio. Por medio de la red de conductos de retorno cogemos el aire del interior de los locales y lo volvemos a llevar a la UTA, donde una parte del mismo es expulsado al exterior del edificio y otra puede ser reutilizado como mejora de eficiencia energética. En este supuesto, ¿de qué dependería fundamentalmente la calidad del aire interior introducido en los locales? De la calidad del aire exterior y de la capacidad del sistema de ‘barrer’ los contaminantes existentes en el ambiente. Sobre el primer punto es lógico, no es lo mismo que el edificio esté ubicado en un ambiente industrial o en el centro de una ciudad muy contaminada o en una zona ‘limpia’. Con respecto al segundo punto, el sistema tiene que estar diseñado y dimensionado adecuadamente para que el caudal y la velocidad del aire introducido en los locales sean capaces de arrastrar los contaminantes ambientales al exterior del edificio, entre otros medios, a través de la red de retorno. Aunque existen múltiples variables a lo expuesto anteriormente, podríamos considerarlo como sistema ‘tipo’ que nos ayudaría a entender el funcionamiento de un sistema de climatización.

A todo lo expuesto en el párrafo anterior y dada la importancia que, como estamos viendo, tiene el sistema de climatización en la calidad de aire interior, añadiremos otra variable más a la exposición: las condiciones higiénicas del propio sistema. La norma UNE 100012, referenciada en el RITE, establece los criterios para el mantenimiento higiénico-sanitario de los sistemas de climatización. Como establece la propia norma, el sistema de ventilación no debe contribuir a la producción, amplificación y/o distribución de contaminantes, por lo cual es de gran importancia contar con un servicio de mantenimiento adecuado y un seguimiento de las condiciones higiénicas. La limpieza de los sistema de ventilación es importante para el bienestar y la salud de las personas, para la eficiencia energética, alargamiento de la vida útil del sistema y la limpieza de las actividades o procesos realizados en la zona ventilada. 

La higienización de los sistemas de climatización, la estructuramos en tres partes:

  • Evaluar las necesidades de limpieza.
  • Tratamiento de higienización del sistema.
  • Validación de los trabajos realizados. 

La evaluación es importante para definir las necesidades de limpieza y descontaminación. Debemos inspeccionar las UTAs, incluyendo todos los componentes de las mismas (ventiladores, filtros, zona de mezclas, baterías de calor y frío…). La red de conductos de impulsión y retorno con todos sus componentes, incluyendo los elementos terminales (difusores de aire y rejillas). Para esta evaluación utilizaremos, además de una inspección visual, todos los equipos técnicos necesarios (robots de videoinspección para ver el interior de los conductos, equipos de muestreo microbiológico y de materia particulada). Con todos los datos obtenidos, se elaborará un informe que determine si es necesario o no limpiar según los criterios marcados en la norma.

La limpieza se hará siguiendo los protocolos establecidos a tal fin, utilizando los equipos técnicos adecuados y existentes en el mercado, para hacer una correcta limpieza del interior de los conductos, teniendo en cuenta el sistema a emplear en función del material de los conductos (chapa, fibra, neto…) con el fin de hacer una limpieza correcta sin dañar ni deteriorar los mismos.

Por último, se hará una validación de los trabajos realizados. Es decir, comprobar que los trabajos y fundamentalmente el resultado final cumple con la norma y nuestra instalación se encuentra en perfectas condiciones higiénicas, que no perjudiquen a la calidad del aire interior de nuestros locales.

Como conclusión podemos establecer que teniendo en cuenta la utilización que hacemos las personas de los espacios cerrados, estos se convierten en un hábitat que tenemos que cuidar para la salud y el confort de todos los usuarios. Asimismo, en ámbitos laborales, la mala calidad del aire interior afecta de manera extraordinaria a la productividad y al absentismo de las personas, con el elevado coste económico que esto representa. Si lo trasladamos al ámbito hospitalario y sanitario, la mala calidad del aire interior puede afectar de manera grave a la salud de los pacientes, siendo un elemento clave en las enfermedades nosocomiales. Por todo lo expuesto, la calidad del aire interior y por extensión la calidad ambiental interior, es un ámbito que hay que abordar con la periodicidad marcada en la legislación vigente para la salud y el bienestar de las personas. 

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