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ARTÍCULO TÉCNICO

Claves para implementar el trabajo a turnos de manera eficiente en la industria química

29/03/2017 - Laura Merino, coordinadora de Prevención de Riesgos Laborales y Seguridad Industrial de Feique
El sector químico es, junto al del metal, las actividades sanitarias y los servicios sociales, uno de los gremios en el que mayor porcentaje de empleados trabaja a turnos: el 40,5% del total y, de ellos, el 25,1% lo hace durante la jornada nocturna.

En la actualidad, existen tres modalidades de organización en los turnos de trabajo: el sistema discontinuo, en el que la jornada se interrumpe, normalmente por la noche y durante el fin de semana, dando lugar a un turno de mañana y otro de tarde; el sistema semicontinuo, en el que la interrupción es semanal, generando turnos de mañana, tarde y noche con descanso durante el fin de semana; y, el sistema continuo, en el que el trabajo se realiza de manera ininterrumpida 24 horas los 7 días de la semana.  

El sector químico se caracteriza por llevar a cabo procesos que, en muchas ocasiones, requieren sistemas de producción continuados. Por ello, el trabajo a turnos es una de las fórmulas más utilizadas en las empresas químicas. Los turnos más habituales son el de mañana y tarde y el de mañana, tarde y noche, aunque esta distribución depende tanto del tipo de empresa como de los puestos de trabajo.

Existe bastante literatura epidemiológica sobre el impacto que conlleva el trabajo a turnos en la salud de los trabajadores. A corto plazo, los principales efectos se deben a los cambios en los ritmos biológicos que pueden dar lugar a trastornos del sueño, alteraciones nutricionales o riesgos psicosociales. En el largo plazo, el trabajo nocturno o en horarios alternantes es más complicado de evaluar y, aunque existen estudios al respecto, no hay resultados definitivos que permitan concretar fidedignamente los posibles efectos sobre la salud, las relaciones sociales o las familiares de los trabajadores.

Además de la repercusión de los turnos sobre la salud y el bienestar, no nos podemos olvidar de los efectos en el organismo, pues influyen directamente en el desempeño laboral del trabajador. Es evidente que el cansancio afecta a los sistemas de alerta y que esto puede causar errores o accidentes, que se deben prevenir. Por ello, la evaluación del trabajo a turnos es esencial para diseñar un modelo organizativo que se ajuste tanto a las necesidades de producción de la empresa como a las de los trabajadores. 

La evaluación: herramienta necesaria para organizar los turnos de trabajo

Cada empresa tiene diferentes condicionantes específicos que dependen de su tamaño, el mercado en el que desarrollan su actividad, la ubicación o las características de los trabajadores. Es por ello que la evaluación se hace necesaria para identificar todas estas situaciones especiales y disponer así de la información necesaria para valorar la mejor opción a la hora de organizar los turnos de trabajo.

Para que la evaluación sea realmente efectiva hay que considerar una serie de criterios: 

  1. La evaluación no es una intervención rápida o puntual, sino un proceso a largo plazo que debe apoyarse en un plan de acción de mejora continuada. 
  2. El principal objetivo es la reducción de riesgos, que repercutirá directamente en el incremento de la eficiencia y de la satisfacción de los trabajadores.
  3. La recopilación de información útil es el primer paso que debe realizarse para llevar a cabo una evaluación apropiada. 
  4. Con la información recopilada, deben identificarse los posibles problemas y establecer si existe una relación entre estos y los puestos de trabajo concretos o áreas específicas del centro. Si este es el caso, será necesario iniciar una evaluación específica a mayor profundidad.
  5. Los trabajadores deben participar tanto en el proceso de evaluación como en la selección de las mejoras y cambios organizativos, ya que así se garantiza el éxito del proceso. 
  6. La evaluación no acaba con la puesta en marcha del sistema de mejoras, pues es aconsejable mantener una evaluación continua abierta a cambios, con el objeto de conocer la evolución de las medidas implantadas y detectar posibles efectos que podrían no ser los deseables a priori.

Existen diferentes metodologías para evaluar los turnos de trabajo aunque, en líneas generales, la mayoría coinciden en una serie de factores comunes: la caracterización del sistema organizativo existente (horarios, rotaciones, número de turnos, etc.); la carga física y psicosocial de los diferentes puestos de trabajo; las características de los trabajadores (edad, sexo, antigüedad, situación familiar, etc.); la satisfacción de los trabajadores con el turno que llevan a cabo; la valoración de los problemas relacionados con la falta de sueño o la fatiga; la salud física (síntomas digestivos, cardiovasculares, enfermedades, medicación o hábitos adictivos al tabaco, el alcohol o la cafeína); la salud mental (episodios de ansiedad, desmotivación o estrés); el efecto del horario en la vida social y familiar del trabajador; y la propuesta final de mejoras en la organización de los turnos de trabajo. 

Por todo ello, se recomienda abordar la problemática asociada a los turnos de trabajo de manera integral, considerando tanto los aspectos propios de cada horario como aplicando las medidas específicas oportunas dentro del plan de acción global de toda la empresa. 

El plan de acción, siempre abierto a mejoras

A la hora de establecer un plan de acción adecuado a las condiciones especiales de la empresa, se debe incluir un balance de las medidas de implementación acordadas, dejando abierta la posibilidad de mejora y el proceso de evaluación continuado.

El plan de acción debe incluir la evaluación de la situación actual de la empresa, contar con un diseño participativo en el que los intereses de los trabajadores sean tenidos en cuenta, prever la implementación de paquetes de medidas y valorar su realimentación para la efectividad del proceso.

Un área a tener en cuenta es la mejora ergonómica y organizativa de los lugares de trabajo ajustándose a la edad y valorando la reducción de la carga física y psicosocial en los puestos para adecuarse a las características de los trabajadores mayores, ya que la experiencia en el puesto de trabajo debe ser considerada positivamente en cada caso y, concretamente en el sector químico, cada vez hay más trabajadores mayores. En este punto merece una especial mención la necesidad de implementar el diseño de los lugares físicos de trabajo de acuerdo a las características particulares propias de la edad, tales como la disminución de la agudeza visual y la audición o la limitación en la resistencia, la capacidad física y la movilidad, aunque bien es cierto que estas características no afectan del mismo modo a todas las personas y la mayoría de las veces se adoptan criterios de diseño universal.

En cuanto a las mejoras en los aspectos organizativos relacionados con el trabajo a turnos, lo más deseable es evitar turnos en horario nocturno y fines de semana, aunque no en todas las empresas es posible. En estos casos, se hace especialmente necesario implementar actuaciones y criterios que permitan mejorar las condiciones de los turnos, basándose en la flexibilidad y la capacidad de participación de los trabajadores en el diseño organizativo de la empresa.  

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