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ARTÍCULO TÉCNICO

Poner coto al absentista voluntario

03/02/2020 - Jesús Martín, Presidente de AELMA.
En los últimos seis años, el absentismo laboral en el sector de limpiezas ha crecido un 92%.

En EEUU se conoce como the invisible workforce (la fuerza del trabajo invisible), una legión de trabajadores que comienzan sus trabajos cuando acaba el de los demás, cuando las oficinas, los colegios o los centros de salud se vacían. Cuando las personas duermen. En este concepto de ‘trabajo invisible’ se categoriza la actividad de limpieza, personas que silenciosa y sigilosamente se encargan de que los edificios estén a punto para arrancar la jornada de forma eficaz. 

Tal es la ‘invisibilidad’ de estos trabajadores que el concepto pierde su sentido metafórico para adquirir una dosis de literalidad.  En los últimos seis años el absentismo laboral en nuestro colectivo ha pasado de 14.136 trabajadores en 2013 a 27.107 trabajadores en 2018, es decir, ha crecido un 92%. En concreto, el absentismo laboral aumentó en más de 7.000 personas en 2018 y la duración media de las bajas por contingencias comunes fue de 56,64 días por proceso finalizado en este sector, frente a los 40,33 días del total de sectores. Estos datos evidencian que necesitamos una solución urgente para frenar este problema y que ésta no descansa, únicamente, en el esfuerzo de los empresarios. 

Todos somos conscientes de que trabajamos con un colectivo laboral muy sensible: una población cada vez más envejecida, personas que ejercen una actividad física reiterada, plantillas con un índice de compromiso inferior al de otros sectores… También somos conscientes de que muchas de las bajas son, desgraciadamente, inevitables, además de ser un derecho para cualquier trabajador. Sin embargo, nuestra queja no va contra ese colectivo afectado de enfermedades o dolencias incuestionables sino contra aquel colectivo de absentistas que han hecho de no ir al trabajo su profesión. 

En AELMA acuñamos hace años el término de ‘absentista profesional’ para denominar a aquella persona que, voluntariamente, no asiste a su puesto de trabajo de forma reiterada y constante. En realidad este tipo de absentismo es nuestro principal caballo de batalla. No solo por el elevado coste de pérdidas que nos supone sino también porque esta actitud supone un agravio comparativo con el resto de la plantilla y porque contagia desmotivación y falta de compromiso, dos cuestiones que son tanto o más perjudiciales que las ausencias al trabajo. 

La reciente sentencia del Tribunal Constitucional que ha avalado el despido de una trabajadora que había acumulado varias bajas laborales, abre un escenario de esperanza para un sector tan castigado como el nuestro. La sentencia se ampara en el artículo 52 del Estatuto de los Trabajadores que limita que las ausencias al trabajo tengan que ser una barra libre para todos, pese a tener justificante médico. 

Y es aquí donde entra el tercer actor. Sin demonizar al colectivo sanitario, que hacen lo que pueden con los medios que tienen, es el Estado quien debería cambiar las reglas del juego y propiciar que las Mutuas adquieran la capacidad para otorgar las bajas y altas laborales, de modo que se desahogue el sobrecargado sistema sanitario y se agilicen las pruebas médicas que, en ocasiones, mantienen a los empleados de baja en un limbo sanitario. El Estado debe adquirir un papel activo para concienciar a la población de que el absentismo laboral es una lacra que pagamos todos, sin excepción.

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