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OPINIÓN

Luis Serrano, Presidente Federación Empresarial Industria Química Española (Feique)

El sector químico cerró 2010 con un crecimiento del 6,2%

El sector químico inició el pasado año un sólido camino de recuperación, cerrando en el 2010 con un crecimiento productivo del 6,2% y un incremento de su cifra de negocios del 11,4%, a pesar de que la economía española, lamentablemente, no ha mostrado todavía signos fehacientes de recuperación estable.
Tabla 1
TABLA 1. Evolución de la producción química española. Sector químico (CNAE 20 y 21) y subsectores. Variación de la media de la producción industrial respecto al año anterior (datos en % de 2010).

Tras la sucesiva caída de la actividad del sector en 2008 y 2009, periodo en el que acumuló un descenso de la producción del 11,1%, 2010 registró en general un crecimiento sólido de la actividad productiva, lo que previsiblemente permitirá completar en 2011 la recuperación de los niveles previos a la crisis internacional. Este dato contrasta con el registrado por el conjunto de la industria española que, si bien culminó 2010 con un ligero crecimiento del 0,9%, todavía acumula una caída productiva cercana al 20% respecto a 2007.

En cuanto a la cifra de negocios, las ventas alcanzaron los 53.169 millones de euros en 2010, registrando una evolución positiva del 11,4% respecto a 2009. Este crecimiento se ha visto muy influido por el impacto del precio del crudo en las materias primas de origen petrolífero, especialmente en el ámbito de la Química Básica, que creció por encima del 25%.

Estos datos confirman la evolución positiva del sector a lo largo del año, y la mejora experimentada en la mayoría de los subsectores que lo componen. No obstante, algunos de ellos –especialmente el subsector pinturas y tintas- todavía se muestran alejados de los índices de producción previos a la crisis, y precisan del crecimiento de sus sectores-cliente estratégicos como la construcción o la automoción para hablar realmente de recuperación (TABLA1).

Tabla 2
TABLA 2. Distribución de la producción química española por subsectores.

En el caso del subsector de jabones y detergentes, la evolución productiva en 2010, aunque positiva, se redujo a un tímido 1,1% y su capacidad exportadora apenas experimentó cambios respecto a 2009, produciéndose tan sólo un incremento de tres décimas. Este subsector, que a pesar de la crisis se ha mantenido relativamente estable en comparación con otros mucho más perjudicados, representa el 8% del total de la producción química española (TABLA 2).

El principal factor que está impulsando la recuperación de este sector estratégico está siendo el alto nivel de internacionalización del sector químico español y su capacidad de acceso a mercados exteriores. Han sido por tanto las exportaciones, que tras un crecimiento en 2010 del 17% han alcanzado su máximo histórico, el principal punto de apoyo con el que ha contado esta industria.

Así, actualmente, casi la mitad de la producción química española, cuyo valor asciende a 25.000 millones de euros, se destina a mercados externos, fruto de la creciente demanda de los principales países-cliente de ésta.
Pese a estos resultados, que superan los máximos logrados con anterioridad a la crisis y muestran una notable solidez del sector químico español, todavía hay parámetros tan importantes como el empleo, que continúa prácticamente en el mismo nivel de estancamiento. En 2010, el empleo tan sólo ha registrado un mínimo crecimiento del 0,5%, una recuperación que resulta insuficiente y preocupante si tenemos en cuenta que en 2009 se perdieron nada menos que 25.000 puestos de trabajo directos en el sector químico.
Para recuperar el empleo será necesario generar nuevas inversiones productivas, preferentemente en aquellos sectores industriales que por su capacidad de penetración en mercados exteriores y su mayor competitividad internacional no dependan de forma exclusiva del consumo y la demanda interna.

En cuanto al número de empresas, se observa que la crisis ha acelerado los procesos de concentración que se vienen produciendo desde mediados de los 90, tanto entre las pymes como en las grandes compañías, como consecuencia de la especialización progresiva de las empresas en sus áreas de mercado de liderazgo o en la búsqueda de acceso a nuevos mercados geográficos.

España, como demuestra su mayor estancamiento durante la crisis, necesita incrementar la participación industrial en el conjunto de su PIB, especialmente la proveniente de aquellos sectores más competitivos a escala internacional.
Las políticas comunitarias, que han incrementado abusivamente la presión legislativa sobre la industria (desde 1990 y sólo en el caso de la industria química se han generado más de 1.800 normas referidas al ámbito de la seguridad y el medio ambiente), han creado enormes dificultades para atraer inversiones productivas en toda Europa, debido a la inseguridad jurídica que supone la adaptación a una nueva norma cada cuatro días, o al impacto en los resultados de las empresas de las múltiples tasas y figuras impositivas derivadas del afán recaudatorio del ejecutivo comunitario.

En este sentido, es imprescindible que la Unión Europea acelere los procesos de simplificación, reducción de cargas, flexibilización y mejora de eficacia de la normativa iniciados (smart regulation) y que entiendan que Europa es el área económica del mundo en la que se produce con mejores estándares de calidad, seguridad y protección ambiental. El asedio al que la industria se está viendo sometida llevará inevitablemente, a largo plazo, a convertir a la Unión Europea en una economía de servicios (al servicio de los países productores), y desterrará la innovación y la riqueza y empleo estables que genera su actividad.

Pero además de este cambio de paradigma por parte de las políticas de las Autoridades Comunitarias, en España se deberían adoptar también medidas propias orientadas a mejorar la competitividad de los sectores industriales –sobre todo de los más internacionalizados-. Asimismo, y no menos importante, deberían adoptarse las políticas adecuadas para potenciar la entrada de inversiones productivas que ofrezcan oxígeno tanto a la economía como al empleo.

Con respecto a la innovación, el sector químico es el mayor inversor en I+D+i de la industria española al acumular el 26% del conjunto de recursos destinados a estas áreas y el 20% de los investigadores contratados en las empresas del sector privado.

En el ámbito concreto de la química y las ciencias de la vida, en España, se están generando importantes innovaciones y aplicaciones que pueden tener éxito en el mercado internacional, muchas veces generadas por pymes que precisan de incentivos o apoyos financieros.

Además de estos aspectos, existen otros factores también fundamentales para la atracción de inversiones como es el desarrollo de diferentes infraestructuras y servicios de transporte de mercancías por ferrocarril, que en España precisa todavía de amplio desarrollo, o la creación de un mix energético que tenga mayor garantía de suministro en condiciones suficientemente competitivas respecto a los países de nuestro entorno.

En definitiva, la recuperación de la economía española de forma sólida y sostenible en el tiempo sólo será posible si se priorizan políticas orientadas a mejorar las condiciones de competitividad de la industria implantada en España y a atraer nuevas inversiones, lo que precisa de un marco normativo que otorgue suficiente seguridad jurídica y no castigue la actividad industrial; el establecimiento de instrumentos que faciliten el acceso de nuestros productos y los resultados de I+D+i a mercados exteriores; el desarrollo de infraestructuras y servicios de transporte de mercancías por ferrocarril; y un modelo energético más eficaz y competitivo.

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