Limpieza de basura espacial: ¿la próxima industria multimillonaria?

Fuente: NASA para Wikipedia

Gabriela Bustelo

En estos momentos, unos 35.000 objetos variopintos ―que podrían calificarse de chatarra tecnológica― orbitan la Tierra a 28.000 kilómetros por hora: satélites muertos, fragmentos de cohetes y hasta una cámara perdida en 1965. Esta basura espacial ya es tan densa que, sin una limpieza de estos obstáculos, una sola colisión podría desencadenar un efecto dominó que deje la órbita baja inutilizable para siempre.

La órbita baja es una zona circular situada a altitudes entre los 160 y los 2.000 kilómetros sobre la Tierra. Para transitarla hay que moverse a altas velocidades que contrarresten la gravedad terrestre, pero un período de rotación rápido permite dar una vuelta completa al planeta en poco más de una hora. Los satélites de monitorización terrestre y las comunicaciones de baja latencia ―como las llamadas «constelaciones de internet» tipo Starlink― afrontan el reto creciente de las interferencias de la basura espacial. Por eso limpiar el espacio ha dejado de ser ciencia ficción para convertirse en un negocio urgente.

Basura espacial: el negocio «filón» que despega en 2025

La buena noticia es que el mercado parece haberse puesto en marcha para solucionar el problema. La NASA ofrece 3 millones de dólares a quien aporte tecnologías viables de limpieza de basura espacial. Y la Agencia Espacial Europea (ESA) ya ha firmado un contrato de 86 millones con la empresa suiza ClearSpace para lanzar en 2025 una misión para capturar un fragmento de cohete con brazos robóticos. Mientras tanto, la compañía japonesa Astroscale usa tecnologías de imanes y redes para atrapar los satélites averiados. En Estados Unidos, varias startups experimentan con láser para desacelerar los escombros tecnológicos hasta hacerlos regresar a la atmósfera, donde se desintegran.

Los expertos del sector proponen modelos mixtos público-privados

Pero este reto celeste no es solo técnico, sino también económico. Hoy solamente los gobiernos pagan por la limpieza espacial, porque nadie quiere asumir el gasto de retirar basura que no es «suya». Para que la industria despegue, los expertos del sector proponen modelos mixtos público-privados: cobrar por el servicio de remolque, reciclar el aluminio y el titanio de los escombros o incluso comercializar seguros que bajen las primas si los operadores contratan servicios de «desorbitaje». Si las agencias imponen normas que exigen retirar cada satélite al final de su vida, este incipiente mercado de retirada de escombros tecnológicos podría facturar miles de millones anuales.

Por lo tanto, la basura espacial es un riesgo sideral, pero también abre una oportunidad económica astronómica. Los visionarios que diseñen hoy los sistemas de limpieza tecnológica del futuro estarán construyendo la próxima industria multimillonaria y garantizando que el espacio siga siendo un lugar seguro para la ciencia, la conectividad y la exploración.