Andalucía refuerza su defensa frente al Virus del Nilo Occidental

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Redacción

La vigilancia entomo-virológica frente al virus del Nilo Occidental se consolida como herramienta esencial de prevención en territorios especialmente vulnerables como Andalucía. En este sentido, destacan iniciativas como la impulsada por la Estación Biológica de Doñana y el Centro Nacional de Microbiología, que combina capturas de mosquitos, conservación en frío y análisis molecular para detectar la circulación del virus antes de que se produzcan contagios humanos y activar así medidas sanitarias de forma anticipada.

El virus del Nilo Occidental (VNO) se ha convertido en una amenaza sanitaria silenciosa pero creciente en el sur de Europa, y especialmente en Andalucía, donde las condiciones climáticas y ecológicas favorecen la proliferación del mosquito transmisor. Aunque el impacto en la salud humana aún es moderado, los expertos alertan de un riesgo cada vez más real debido al cambio climático y la alteración de los ecosistemas.

En este escenario, la vigilancia y la prevención adquieren una relevancia estratégica para evitar que lo que hoy es una alerta sanitaria aislada se convierta mañana en una emergencia extendida. Precisamente, desde 2020, España ha puesto en marcha un protocolo riguroso de vigilancia entomo-virológica, diseñado y ejecutado por la Estación Biológica de Doñana-CSIC, el Centro Nacional de Microbiología (ISCIII) y el Centro de Investigación Biomédica en Red de Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP), en el marco del proyecto SPVECTORSURV, financiado con fondos de la Unión Europea.

El objetivo es claro: anticiparse a la circulación del virus detectando su presencia en los mosquitos antes de que lleguen a contagiar a seres humanos. Y para ello, se ha desplegado un sistema de captura, análisis e interpretación de datos que permite actuar con rapidez y eficacia.

Esta estrategia no sólo representa un avance científico y técnico de primer nivel, sino que también responde a una creciente necesidad de coordinación entre administraciones, investigadores y servicios de salud pública. En la práctica, permite identificar zonas de riesgo, actuar preventivamente y, sobre todo, ganar tiempo frente a un virus que se propaga de forma silenciosa. A través del uso de trampas especializadas, un sistema de conservación de muestras y análisis molecular, este protocolo ofrece un modelo replicable para la vigilancia de otras enfermedades vectoriales.

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Tecnología para capturar al transmisor

El éxito del protocolo de vigilancia del virus del Nilo Occidental comienza por una pieza clave: la tecnología utilizada para capturar a los mosquitos vectores. Este procedimiento requiere, por un lado,  instrumental especializado; y, por otro, una planificación milimétrica y conocimientos técnicos que garanticen la fiabilidad de las muestras obtenidas.

Las trampas utilizadas (tipo BG-Sentinel y CDC) funcionan mediante un sistema de succión que atrae a los mosquitos y los retiene en una red colectora. Cada modelo tiene características propias: las BG-Sentinel destacan por su robustez, facilidad de transporte y menor vulnerabilidad al vandalismo; mientras que las CDC, aunque más costosas y algo más delicadas, incorporan luz como atrayente, lo que las hace útiles para estudios de diversidad. En Andalucía, se ha optado por el uso generalizado de  las trampas BG-Sentinel, tanto por su eficacia como por su idoneidad en entornos de campo.

El verdadero aspecto diferencial de estas trampas está en el atrayente usado, que es el dióxido de carbono (CO2), emitido mediante hielo seco. Este se introduce en una caja de poliespán con una salida conectada a un tubo que canaliza el gas directamente a la entrada de la trampa. La elección del hielo seco responde a su facilidad de uso, su amplia disponibilidad comercial y su alto rendimiento durante las 24 horas de funcionamiento de la trampa.

Asimismo, las baterías, generalmente de 12 voltios y de 12 a 18 amperios, garantizan el funcionamiento ininterrumpido del ventilador durante el ciclo de captura, y deben cargarse en instalaciones ventiladas y seguras debido al riesgo de emisiones de hidrógeno. El montaje se completa con etiquetas identificativas colocadas en cada red colectora, lo que permite registrar con precisión la fecha, ubicación y operario responsable de cada muestra.

El diagnóstico molecular permite confirmar, con un alto grado de precisión, la presencia del virus del Nilo en mosquitos

Además de los aspectos técnicos, la ubicación de las trampas es otro factor crítico. Estas se instalan
en áreas con vegetación que proporcione cobertura frente al viento, lejos del tránsito humano para evitar vandalismo y próximas a zonas de cría de mosquitos como marismas, arrozales o canales de riego. Las condiciones deben garantizar tanto la seguridad de los operarios como la integridad del material, evitando terrenos inestables o expuestos a inundaciones.

En resumen, esta combinación de tecnología, experiencia y logística permite capturar una muestra representativa de las poblaciones de mosquitos en las zonas de riesgo. Gracias a este proceso, el equipo científico puede identificar la posible circulación del virus del Nilo Occidental con antelación, actuando sobre el vector antes de que el problema alcance a la población humana.

De la trampa al laboratorio

Una vez finalizado el proceso de captura en el terreno, comienza una fase igual de importante: el traslado y la conservación de las muestras hasta su análisis en laboratorio. Esta etapa no sólo asegura que los ejemplares recogidos lleguen en condiciones óptimas, sino que también mantiene la trazabilidad y la integridad de los posibles virus presentes en los mosquitos.

La operación comienza con la retirada de las redes colectoras, que se realiza de forma cuidadosa para evitar fugas. Los técnicos extraen la malla sin interrumpir el funcionamiento del ventilador, asegurándose de que los mosquitos permanezcan retenidos. Inmediatamente después, las redes se introducen en contenedores con hielo seco, que actúa de forma doble: elimina a los insectos sin dañarlos y garantiza una conservación en frío hasta la llegada al laboratorio. Es fundamental evitar que las muestras estén en contacto directo con el hielo seco, ya que las temperaturas extremas podrían deteriorarlas.

En el vehículo de transporte, todo el material debe ir ordenado, asegurado y etiquetado correctamente. Las cajas de poliespán, trampas, baterías, redes, etiquetas y herramientas forman parte del equipo de campo estándar. Además, se presta mucha atención a que las baterías usadas no presenten daños y a que el hielo seco se mantenga durante el trayecto. Una trampa mal retirada o una red mal conservada puede arruinar una jornada entera de muestreo.

Ya en el laboratorio, las bolsas con los mosquitos pueden analizarse de inmediato o conservarse a temperaturas de -80oC en congeladores específicos para criopreservación. Si no se dispone de esta tecnología, se admite su almacenamiento temporal a -20oC o -30oC, siempre con la premisa de procesar las muestras lo antes posible. Para reutilizar las redes en campañas futuras, los insectos se transfieren a placas de Petri u otros viales, siempre manteniendo las condiciones de frío.

Antes de proceder al análisis virológico, los mosquitos deben identificarse por especie, sexo y estado fisiológico. Este trabajo se realiza con lupa estereoscópica y luz fría, permitiendo distinguir los ejemplares de interés de otras especies que no actúan como vectores del virus del Nilo Occidental. El proceso requiere experiencia, precisión y mucho rigor, ya que de una correcta identificación depende la fiabilidad del análisis posterior. Esta fase intermedia del protocolo, entre el campo y el laboratorio, es un eslabón decisivo en la cadena de vigilancia.

Asegura que las muestras se mantengan intactas desde su captura hasta su procesamiento, evitando falsos negativos y preservando la validez de los datos obtenidos. Gracias a este procedimiento, el equipo investigador puede trabajar con muestras representativas y de calidad, incrementando las probabilidades de detección temprana del virus y permitiendo activar protocolos sanitarios antes de que se presenten casos humanos.

Diagnóstico molecular

El último y más decisivo paso del protocolo de vigilancia frente al virus del Nilo Occidental tiene lugar en el laboratorio, donde se lleva a cabo el análisis molecular de los mosquitos recogidos. Esta fase permite confirmar la presencia del virus con un alto grado de precisión y constituye el eje central del sistema de alerta temprana.

Una vez identificados y clasificados, los ejemplares se agrupan en pools; es decir, lotes homogéneos de hasta 50 mosquitos pertenecientes a una misma especie, capturados en un mismo punto y en la misma jornada. Esta agrupación optimiza los recursos del laboratorio y permite detectar con eficacia si alguno de los ejemplares porta el virus, sin necesidad de analizar uno a uno.

Para el diagnóstico, se utiliza una técnica de biología molecular conocida como RT-qPCR (PCR en tiempo real con transcripción reversa en un paso). Este método permite amplificar fragmentos específicos del material genético del virus, en este caso ARN, que podrían estar presentes en el interior de los mosquitos.

Si el virus del Nilo Occidental ha infectado a alguno de los ejemplares del pool, el resultado será positivo. La sensibilidad de esta técnica es tan alta que puede detectar trazas mínimas del virus, lo que la convierte en una herramienta clave para la vigilancia preventiva. No obstante, el proceso exige unas condiciones estrictas de trabajo: salas libres de contaminación, equipos calibrados, reactivos específicos y personal altamente cualificado. Cualquier error podría comprometer la validez del resultado.

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En caso de que se confirme la presencia del virus en alguna muestra, se notifica inmediatamente a las autoridades sanitarias y ambientales. Estos datos permiten actuar de forma anticipada, ya sea intensificando las labores de control del mosquito en la zona, difundiendo información a la población o activando campañas de desinfección y limpieza en áreas críticas. El objetivo es cortar la cadena de transmisión antes de que se registren casos humanos o en animales domésticos.

Aparte del diagnóstico concreto que se consiga, los resultados también se integran en bases de datos y se cruzan con información ambiental, climática y ecológica. Esto permite construir modelos predictivos y afinar la selección de zonas de riesgo para la realización de futuras campañas. En última instancia, el análisis molecular no sólo ofrece una fotografía del presente, sino que ayuda a proyectar escenarios y planificar la vigilancia a medio plazo.

Gracias a esta metodología científica, la vigilancia entomo-virológica se convierte en una herramienta proactiva. Detectar el virus en su etapa más temprana, cuando aún circula de forma silenciosa entre los mosquitos, puede marcar la diferencia entre un episodio aislado y un brote epidémico. Y, sin duda, es un esfuerzo técnico y científico que refuerza la capacidad de respuesta del sistema sanitario ante enfermedades vectoriales emergentes.

Factores que comprometen la detección temprana del virus

En la vigilancia entomo-virológica frente al virus del Nilo Occidental, ciertos errores operativos y técnicos pueden reducir drásticamente la eficacia del sistema. Entre los más comunes se encuentra no utilizar hielo seco o CO2 como atrayente en las trampas, lo que disminuye significativamente el número de capturas y, por tanto, la capacidad de análisis. También es frecuente la falta de conservación en frío de las muestras, el uso de mosquitos en avanzado estado de descomposición y errores en su clasificación, ya sea por falta de medios ópticos o por desconocimiento, lo que puede generar resultados inexactos.

Otras prácticas desaconsejadas incluyen el almacenamiento de ejemplares en alcohol, lo que dificulta su identificación y reduce la sensibilidad del análisis virológico. En el laboratorio, fallos como no incluir controles negativos de extracción, utilizar métodos poco eficientes para extraer el material genético o emplear retro-transcriptasas de baja calidad pueden dar lugar a resultados poco fiables. La ausencia de controles positivos del virus, además, impide validar correctamente los ensayos.

Estos errores aumentan el riesgo de falsos negativos, especialmente al inicio de la temporada de transmisión, cuando la circulación del virus es baja, pero su detección temprana resulta clave para activar las medidas preventivas antes de que aparezcan los primeros casos en humanos.