Hablar de limpieza forense no es hablar de una limpieza convencional. La limpieza común y la limpieza forense representan dos perspectivas distintas que, pese a compartir la finalidad de erradicar la suciedad, se diferencian profundamente tanto en sus procedimientos como en sus objetivos.
La limpieza convencional se enfoca principalmente en retirar polvo, manchas y residuos visibles para conservar ambientes limpios y confortables. En cambio, la limpieza forense profundiza mucho más. Se orienta a la localización y preservación de indicios y rastros que pueden resultar clave en investigaciones de tipo penal. Este trabajo minucioso requiere el uso de técnicas especializadas y un amplio conocimiento de materiales y superficies.
La retirada de biocontaminación, la desinfección profesional, la trazabilidad documental y el control de riesgos son parte esencial de la limpieza forense. Previamente, es fundamental una evaluación de la zona a intervenir.
La norma ISO 21043-2, que establece los requisitos para el reconocimiento, registro, recogida, transporte y almacenamiento de elementos con potencial valor forense, señala que los riesgos deben evaluarse e identificarse a lo largo de todo el proceso forense. Por tanto, definir riesgos, EPP y planes de residuos son cruciales para evitar riesgos.
En este sentido, la higienización de una zona se realiza cuando es necesario llevar a cabo una limpieza resultante de actos o sucesos asociados a fallecimientos de diversa consideración. Es el caso de:
- Homicidios y asesinatos. Una vez finalizada la intervención policial se requiere una limpieza experta a cargo de trabajadores cualificados que empleen protocolos y productos específicos.
- Suicidios. Los profesionales en limpieza forense deben ser capaces de efectuar una desinfección tan exhaustiva como respetuosa con las particularidades de la situación, incluyendo a los afectados.
- Muertes ignoradas. Si un cadáver ha pasado desapercibido por más de 48 horas, la descomposición del cuerpo presenta un escenario complejo que exige la implicación de expertos.
Coordinación entre estamentos
Los avances experimentados por la medicina forense en relación con las técnicas identificativas y las peculiaridades de la organización de la actividad científico-judicial requieren la participación y coordinación de diversos estamentos, como son el Cuerpo Nacional de Médicos Forenses, el Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses, la Comisaría General de Policía Científica y el Servicio de Criminalística de la Guardia Civil, y las policías autonómicas donde estén constituidas.
Manuel González, fundador de la empresa especializada Limpiezas Traumáticas, comenta cómo se lleva a cabo este proceso: “Trabajamos para la Guardia Civil, la Policía Nacional y los juzgados. Normalmente los avisos llegan a través de ellos”. González aclara que la contratación formal suele realizarse desde el ámbito judicial: “El aviso lo dan ellos, pero quien contrata normalmente es el juzgado, la jueza de guardia”. En otras ocasiones, explica, son los familiares quienes contactan con la empresa tras recibir indicaciones oficiales.
Los fluidos biológicos se clasifican como residuos biosanitarios y deben gestionarse por empresas autorizadas
Un proceso tipificado
En España, los fluidos biológicos –sangre, secreciones, tejidos o restos humanos– se clasifican como residuos biosanitarios peligrosos bajo la Ley 7/2022, de 8 de abril, de residuos y suelos contaminados para una economía circular, y el Real Decreto 833/1988 sobre residuos tóxicos y peligrosos. Estos pertenecen a las Clases III, V y VI: infecciosos, citotóxicos o con riesgo mutagénico. Por ello, deben de gestionarse por empresas autorizadas, prohibiendo su vertido, reciclaje o incineración no controlada.
Tal y como explica González, esta tramitación se realizan a través de los canales sanitarios habilitados: “Los residuos se depositan en centros hospitalarios, en contenedores especiales preparados para ello”. Según la normativa de la Comunidad de Madrid, “los productores de residuos biosanitarios están obligados a entregarlos a una entidad o empresa debidamente autorizada para su tratamiento”, con almacenamiento máximo de 7 días a <4ºC.
González comenta que la intervención en una limpieza forense sigue un protocolo muy definido desde el inicio: “El procedimiento comienza cuando recibimos el aviso. Antes de entrar en el inmueble comprobamos con la Guardia Civil que todo esté correcto y que la Policía Judicial haya finalizado su trabajo. Solo entramos cuando contamos con la autorización correspondiente”. Una vez obtenida dicha autorización, “el equipo se desplaza al lugar para iniciar la intervención conforme a los protocolos establecidos”, detalla el responsable de Limpiezas Traumáticas.
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