La ciudad que no se ve: ante la gestión de la limpieza en la visita del Papa León XIV

La pasada visita a España del papa León XIV supuso un importante desafío organizativo para ciudades como Madrid o Barcelona, más allá de los dispositivos de seguridad y movilidad. Para el sector de la limpieza urbana, el verdadero termómetro del evento se midió en kilos de residuos, en la capacidad de los contenedores y en los trabajadores movilizados en turnos extraordinarios para garantizar la operatividad del espacio público.

Visita del Papa León XIV
Berta Molina García

Más allá de los dispositivos de seguridad y los cortes de tráfico, el verdadero termómetro de un gran evento se mide en toneladas de residuos, en la capacidad de los contenedores y en los equipos humanos desplegados en turnos extraordinarios.

La reciente visita del Papa León XIV a España, entre el 6 y el 11 de junio, con paradas, entre otras ciudades, en Madrid –donde permaneció del 6 al 9– y Barcelona –del 9 al 11–, volvió a ponerlo de manifiesto.

Mientras la atención mediática se centraba en la logística visible, un amplio y complejo operativo de limpieza, iniciado semanas antes y prolongado hasta después de su marcha, trabajó para mantener ambas ciudades limpias y plenamente operativas ante una de las mayores concentraciones de personas de los últimos años. En el caso de Madrid, el balance final, presentado por el alcalde José Luis Martínez-Almeida, lo resume en una cifra: 37.900 kilos de residuos recogidos solo durante la vigilia del sábado en la plaza de Lima y la misa del domingo en Cibeles.

A esa cantidad hay que sumar los más de 2.000 contenedores desplegados, los 558 trabajadores de limpieza movilizados y una pregunta de fondo: ¿cómo se organiza una ciudad para absorber, en cuestión de días, una presión sobre sus calles que multiplica varias veces su actividad ordinaria?

Madrid despliega su mayor operativo de limpieza en años

El dispositivo madrileño se diseñó con semanas de antelación. Según el Ayuntamiento de Madrid, el dispositivo de limpieza, Servicio de Limpieza de Urgencia (SELUR) y recogida de residuos estuvo integrado por un total de 558 trabajadores y 328 máquinas, concentrados sobre todo en los dos epicentros del programa papal: la plaza de Lima, donde se celebró la vigilia del sábado, y la plaza de Cibeles, escenario de la misa del domingo.

Esa cifra global se descompone, según fuentes municipales, en dos bloques bien diferenciados: 468 trabajadores y 299 máquinas dedicados a la limpieza viaria propiamente dicha y al SELUR, y 90 trabajadores más con 39 camiones específicamente para la recogida de residuos. El despliegue no se limitó a las dos plazas principales: también llegó al Palacio Real, al Congreso de los Diputados, a la Catedral de la Almudena, al Movistar Arena, al estadio Bernabéu, al centro de Cáritas y al recinto de IFEMA Madrid, donde se alojó a parte de los peregrinos.

En Madrid, el dispositivo de limpieza, SELUR y recogida de residuos estuvo integrado por un total de 558 trabajadores y 328 máquinas

Visita del Papa León XIV. Limpieza urbana en Madrid.

La propia magnitud de las cifras señala dónde estuvo el reto principal. En la plaza de Lima se instalaron 462 contenedores de plásticos, metales y envases, 40 de fracción orgánica y 40 de papel y cartón; en Cibeles, algo más, 480, 45 y 46 respectivamente, además de decenas de “abanicos” de señalización pensados para que los asistentes pudieran localizar el contenedor adecuado entre la multitud.

A esto se sumaron 200 contenedores en las zonas habilitadas para autobuses y 680 cubos de dos ruedas en los recintos donde se alojaron los peregrinos.

El propio balance municipal desglosa el dato del fin de semana grande: 19.000 kilos de residuos recogidos durante la vigilia del sábado y 18.900 durante la misa del domingo. El resultado, en palabras del alcalde Martínez-Almeida fue el de que “en unas pocas horas, las calles de Madrid presentaron el aspecto habitual”.

Almeida enmarcó además el hecho de que más de la mitad de esos residuos se depositaran correctamente clasificados en los contenedores de recogida selectiva como una muestra de comportamiento cívico y respetuoso por parte de los asistentes, una idea que late en buena parte del discurso oficial sobre este tipo de eventos: la limpieza no depende solo del operativo desplegado, sino también de cómo se comporta el público que llena la ciudad.

Visita del Papa León XIV. Limpieza urbana en Madrid

Del barrido manual a la limpieza programada

Las 328 máquinas movilizadas en Madrid dan una idea del tipo de refuerzo que exige un evento de esta escala: no se trata solo de aumentar el número de operarios con escoba y carro, sino de multiplicar la presencia de barredoras, baldeadoras y camiones de carga lateral en horarios y zonas que normalmente no requieren ese nivel de intensidad.

La planificación previa obliga a los organizadores de cualquier acto con concentración de público a contemplar de antemano la gestión de los residuos que se vayan a generar, minimizando el impacto sobre la limpieza viaria del entorno.

Ese marco normativo explica por qué el refuerzo no se improvisó: el operativo de la visita papal se apoyó en la estructura ordinaria de limpieza de la ciudad, que ya es, según datos municipales, la más intensiva del país en inversión por habitante. El contrato vigente de limpieza viaria, adjudicado por 1.636 millones de euros y repartido en distintos lotes entre Cespa, Urbaser, Valoriza-OHL, Acciona y FCC, incrementó en un 40 por ciento los operarios en la calle respecto al contrato anterior, hasta sumar 2.500 trabajadores más.

Actualmente, Madrid invierte 84,62 euros por habitante y año en limpieza viaria, más que Barcelona, Valencia, Zaragoza y Santander juntas. Ese músculo estructural es, en última instancia, el que permite multiplicar de forma puntual los efectivos cuando llega un evento de esta envergadura.

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